sábado, 28 de abril de 2012

Somos dos en uno.

Por fin llegó y ella respiraba tranquila, pero no del todo. Él saludó a todos y a ella -la única chica- le dió los dos besos más tensos del mundo.
Los chicos siguieron hablando como antes de la llegada de él y todo estaba bajo control, excepto los nervios de los dos enamorados. Él se sentó al lado de ella y no cruzaron palabra alguna. Se miraron fijamente y en silencio, mientras se seguían oyendo las conversaciones  sobre juegos de lucha de fondo de Antonio y Rafael
A ella poco le faltaba para darle un ataque al corazón.
El empezó a tocarle la pierna a ella, a jugar con sus calcetines que sobresalían de las mayas y a acariciarle los tobillos con delicadeza. Le daba pequeños e insignificantes toques en las rodillas y se volvían a cruzar las miradas. Cada vez estaban más cerca el uno del otro...
Sus frentes se juntaron y en ese momento los dos dejaron sus sentimientos al cargo de sus corazones. Los labios de cada uno se rozaron con ternura e hicieron ese momento el más eterno y apasionante de sus vidas.
Ella percibió la mano de él acariciando su cara y seguidamente su cuello y al fin, dejaron sus sentimientos desnudos a la merced de la pasión y del tiempo.
Ambos separaron sus caras y se les escapó una sonrisa de oreja a oreja. Era la felicidad.
El transcurso de la noche la pasaron cogidos de la mano y mirandose, riéndo y bajando la mirada en honor a la alegría y a la timidez. Estaban pletóricos y no había nada ni nadie que haría esa noche mala y desagradable.
Ya eran las 21:00 y ella debía de irse a sacar de paseo a las perras. Finalmente se despidió de todos y se fue...con él.
Los dos estaban callados y mirando al suelo, completamente en silencio hasta que sus manos  se rozaron y no dejaron escapar tal oportunidad. Ambos se cogieron de la mano y siguieron rumbo a la casa de ella.
Tenían la suerte de vivir muy cerca. Les separaba sólo dos míseras callejuelas.
Llegaron por fin al portal de ella y entablaron una breve conversación. No faltó el "te quiero" que se iba a convertir en ese mismo momento en la última frase que se dirían a lo largo del año.

Fusionaron por última vez de ese día su último beso y en ese mismo momento él y ella comenzaron a Salir. El día más felices de sus días. 
                                                        
     

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